lunes, 14 de julio de 2014

Mi papá hacía cuadritos

No es que los pintara o dibujara. Mi papá tomaba alguna imagen que le provocara algo y hacía un cuadro. Por ejemplo, cortaba los almanaques y se quedaba con la imagen, la dimensionaba e iba con el carpintero para que le vendiera la base. Luego les ponía vidrio y los colgaba en su estudio. También le compraba pinturas o fotografías a los chicos que remataban sus trabajos a la salida de Bellas Artes. Recuerdo que tuvimos "La Última Cena" en versión solarizada donde Juan estaba más Magdalena que nunca, pero -de todos- me gusta especialmente este:



"La dama y el vagabundo"


Lo hizo para cuando nací y aún permanece en el velador. Fue el único cuadro al que no le puso vidrio, por precaución. Dice mi mamá que compró la lámina por correspondencia, por un anuncio que vio en la revista "Vaquero" y que él mismo se sorprendió de que no lo hubieran estafado. 

Iba a poner más fotografías de algunos pocos cuadros que quedan, pero mejor se los muestro el día que me vengan a visitar. 


:)




Querido diario:




...to be continued.

domingo, 13 de julio de 2014

La de los extraños piropos

Mi amigo Jorge piensa que soy una chica con una vida particular. Dice que las cosas más inusuales que ha visto u oído han provenido de mí, pienso que tal vez por eso le gustaba andar conmigo en la universidad. Tampoco es que Jorge sea el tipo más normal de la tierra; es (en fondo y forma) como "El niño de la estrella". Apelando meramente a su género pensé que podría explicarme este extraño piropo que me carcomía: 

"Eres más inteligente de lo que pareces."

Le dije a mi amigo que no sabía precisar si yo sugería ser menos inteligente de lo que era o si a primera vista parecía inteligente y resultaba siendo un poco más. Era una apreciación ambigua que necesitaba de su experiencia para desentrañar el dilema. Pero Jorge sintió alivio de no ser el único y me soltó esto:

"No sé, Giova, pero si no te conociera tanto quisiera que fueses mi novia."

Le pregunté qué cosa era eso y me dijo que no sabía, pero necesitaba decirlo aprovechando el contexto. Nos partimos de la risa. No hay nada peor que cargar una duda y luego otra más.  




Es domingo...













lo sabemos
lo celebramos





sábado, 12 de julio de 2014

Las buenas cosas

Todo lo bueno viene en frasco chico
todo lo bueno exige sacrificio
todo lo bueno tarda, pero llega
todo lo bueno parece el mismo infierno
sin que esto sea el cielo








Nelson: Nos toca
Camilo: ¿Nos están dando algo por esto?
Nelson: Creo que no
Camilo: Sigue durmiendo








Cristo

Hace años que no iba a la casa de Cristo. Ciertamente, bien puede ser una década; sin embargo, yo le conocí cuando aún éramos niños. Nos gustaba ir a rebuscar la biblioteca de la iglesia. Aún tengo mi carné de afiliada que me costó veinte céntimos (algo así como la quinceava parte de un dólar) y con el cual no sólo tenía derecho a desgajar esos pequeños libreros, también podía ir a molestar a la mismísima BNP (Biblioteca Nacional del Perú). Bueno, la historia comienza con la inexistencia de un encargado oficial en esa dependencia parroquial, aunque una señora algo mayor aparecía con frecuencia nada era seguro de un día a otro. Al entrar y al salir, teníamos que registrarnos en el libro de visitas. Ese acto que ahora puede parecer banal era entonces una garantía de vida de muchos mozuelos cuyas madres trabajadoras y desconfiadas iban a verificar si sus chicos habían mantenido su estancia allí tal como sostenían en casa. Como allí todo se leía, noté en aquel libro un nombre peculiar y recurrente: Cristo Peña-Flor Estrada. Sí pues, me asombró que alguien se llamara "Cristo". Pensé que podía ser uno de los curas de la iglesia. Al día siguiente me senté cerca de la mesa de firmas que, para variar, ese día estaba siendo vigilada por un adolescente anarcopunk. Cuando entraba un niño me levantaba a ver si había llegado Cristo. "Hey, tú, ¿estás buscando enamorado?", me dijo el tipejo mientras se echaba esmalte negro en las uñas. No sé, tal vez su sonrisa socarrona me hizo pasita y me olvidé un tiempo del asunto cuando una tarde la señora del cigarro enunció con su voz ronca: "Peña-Flor, ha llamado su madre, vaya a casa". Vi a un niño enjuto marcar su salida en el libro y cargar con una pesada mochila. No sé por qué, pero me propuse ser su amiga. Un viernes regresó y fui hasta su mesa. Puse mi libro de biología y él me miró temeroso. En medio de la enciclopedia que supuestamente leía tenía una revista de cine y le hablé.

- Mi prima y yo vimos una película de terror el domingo pasado.
- ¿Cuál? 
-"El Exorcista", me dio mucho miedo.

Hizo una mueca de que iba a pegar una tremenda carcajada, pero sólo clavó sus inmensos dientes en la revista y me miró con la profundidad de sus ojos marrones. 

- Eres ñoña, esa película la vi cuando era niño y nunca me dio miedo.
- Aún eres un niño.
- Pero soy más alto que tú...
- Cualquiera es más alto que yo.

Días después recolectábamos moras del cerco vivo de la iglesia. Éramos unas cabras depredadoras. La pregunta de rigor no se hizo esperar. Me contó que su madre había renunciado a ser monja para casarse, pero su padre falleció incluso antes de enlazarse con ella, así que tomó su embarazo como una maldición a sus votos de castidad y obediencia. Para contrarrestar o tratar de minimizar en algo esa mala suerte llamó a su hijo con ese deífico nombre. He vuelto a encontrar a Cristo hace unas semanas. Sólo está de paso por aquí, estudió cine y la mayor parte de sus días los pasa en Colombia. Tirados en el piso, hace un análisis para mí sobre "El Exorcista". Noto que ya es un hombre que no necesita refugiarse en ninguna biblioteca para olvidarse del hambre que tenía que aguantar hasta que su madre regresara a casa vestida de rosarios. Me cuenta que nuestro juego de arrancar moras en el cerco de la iglesia lo salvaron muchas veces de comerse las hojas de sus cuadernos. Siento que a ambos algo ya nos ha golpeado bien duro, así que recordamos estas cosas como si fueran algo natural, algo por lo que teníamos que pasar sin posibilidad de torcer nuestra suerte. Nos ha quedado mi risa y su humor negro, porque para ser Cristo hay que haber sido flagelado y revivir para contarlo.