Poseo un cuerpo humano, pero ciertamente soy
un pájaro con una pata ajustada al cuerpo. Con la otra mantengo el equilibrio
sobre un cable de alta tensión. Si está
idea te parece vertiginosa, imagina que te he estado oteando desde hace buen
tiempo,
Dícese, en la actividad pecuaria, del comportamiento de la hembra luego del parto y/o su desempeño/aptitud/maña/talento en la relación madre-cría. Cualquier indicador negativo es motivo de descarte. So...
De haber sido esta dulce marranita en edad reproductiva:
Creo que fue Tarantino quien dijo: "Si se puede escribir se puede filmar". A veces, parece no ser tan fácil, pero existe quien lo logra. Por ejemplo, a mí me asombró mucho la adaptación de "Naked lunch" para el cine. Es un libro inclusive arduo de imaginar, pero allí está Cronenberg dando la cara, haciendo posible lo imposible.
Muchas veces he leído u oído el comentario: "El libro es mejor". Me fastidia un poco la simplicidad de las cosas, pero luego pienso que a todos nos ocurre que le damos vida a los libros de la forma que consideramos más aceptable -como los sueños que podemos manipular- y ese esfuerzo pausado de ir construyendo un mundo nos obliga a defenderlo irrebatiblemente.
ஐ En fin ஐ
SPOILER
-Presentación de los hechos a considerar-
Como lo vio en el libro:
"El doctor Lecter tiene seis dedos en la mano izquierda".
"Clarice observó que era de baja estatura y aspecto pulcro; en las manos y brazos del doctor observó fuerza nervuda, como la suya".
"Los ojos del doctor Lecter son de un castaño granate y reflejan la luz con destellos de color rojo".
Como lo vio en la película:
Esta es la presentación de Lecter y Clarice...
...
Esta es una de las diferencias más ostensibles que pude notar. Thomas Harris quiso que las peculiaridades de su personaje nos advirtieran del peligro, claro que no contaba con la temeraria normalidad de alguien como Anthony Hopkins. Si seguimos leyendo nos damos cuenta que Lecter no es precisamente un caníbal a rajatabla. Se come a quien le aburre. xDDD Ya, mucho spoiler.
-La reculación-
Me enteré hace un tiempo que habían escritores que compraban los derechos sobre los guiones de las películas para escribir sus respectivos libros. Tal es el caso de Leonore Fleischer, uno de los elementos en discusión es este:
El libro se toma todas las licencias posibles para hacer de esta película un clásico mayor (si es que acaso eso es posible), pero no distorsiona la trama, por el contrario, la enriquece. Con esto no quiero favorecer a uno y desmerecer al otro, solo quiero que sepan que ambas historias no solo valen la pena, sino también la alegría.
La entrañable escena del ascensor entre Susana y Raymond por la película:
-How is it?
-Wet
xDDD
La escena del ascensor por el libro:
"La canción terminó y los dos se separaron.
- Iris se ha perdido un baile muy bonito -dijo Susanna con tranquilidad.
- Y un beso.
¿Un beso? Susanna retrocedió sin saber qué hacer.
- Lo ha dicho Charlie Babbit. Si una chica te trata bien. Dale. Un besito.
Susanna se lo pensó un segundo o dos y luego asintió. Se acercó a Raymond y le dijo suavemente:
- Enséñame cómo.
Raymond puso los labios como un niño pequeño al que se obliga a besar a una tía."
Hablando de tías, tengo una que no te dice: "Saludos", su ritual al despedirse es así: "Juiciosa, eh". Tómenlo en cuenta la próxima vez que se sientan tentados a opinar visceralmente contra una pela.
Querido diario:
...to be continued.
jueves, 3 de julio de 2014
Chicho Bella: ¿Qué tienes en la cabeza?
Nelson: Un copetín, chica bonita Chicho Bella: ¿Qué dijiste?
Nelson: Que...¡cuidado con la arañita! Chicho Bella: Ah
Nelson: ...la arañita del amor ♥
Finalmente, hemos vencido. Victoria ha ido a la clínica para que nazca el niño. Fue bastante incómodo convivir con ella y su más reciente sensibilidad. Hablo de ellos por separado porque nunca, durante estos años, le conocimos ese lado insufrible. Fue algo que llegó junto con su embarazo y esperamos que se esfume con el mismo, de lo contrario va a haber una seria disputa entre su verbo y el nuestro para que se le quite. Hasta hoy no lo hemos intentado porque la única vez que sucedió casi terminamos todos en la comisaría por irrespetuosos, por la insanía de recordarle a una embarazada que solo se puede subir para arriba y para ningún otro lado y así casi matamos a Victoria por deshidratación ocular. Claro que hubiésemos preferido que nos mandase a comprar helados por kilo o que quisiese tejer roponcitos hasta en el cine, pero se le antojaron los tartamudeos léxicos. Así que a todos nos tocó salir para afuera, volver a repetirle o escuchar la réplica exacta de su supuesta hipótesis. Pero basta ya. Fueron nueve meses que ajustamos para no contaminar al niño con nuestra maldad.
Tenemos aquí los regalos gratis para su recibimiento junto a una enorme pancarta:
Han pasado muchos años y muchas risas, pese a todo yo sigo sintiendo culpa por los dos. No fue un error que Sabnat me preguntara si yo sabía de algún curso con el que se pudiera ganar un crédito fácil, el problema fue que yo le comentara que en el Taller de Narrativa las cosas iban a estar mantequilla puesto que el profesor se dedicaba más a la bebida que a la docencia. Sí, era un borrachín de aquellos, me acuerdo que nadie sabía su nombre, pero en el salón alguien le puso "Borges" porque decían que estaba enterrado en Ginebra. Un día, Borges llegó zigzagueando al aula con una cajita de puchos en la mano. A esas alturas, ya ni a los juzgadores les importaba su proceder. Lo raro esa tarde fue que la cajita no tuviera Lucky alguno sino papeles pequeños con el tema que desarrollaríamos como examen final. "Muy bien, ahora se acerca cada uno y saca un papel de esta caja. Lo que diga allí es el tema que van a desarrollar como examen final. Sólo permito un grupo de dos personas. Tengan cuidado con eso". Hasta entonces Sabnat y yo habíamos permanecido juntos por eso de que pasábamos de Woolf a Joyce, de Joyce a Onetti, de Onetti a Kerouac y mi amigo estaba realmente asustado. En algún momento encontré un sucio placer en el desosiego de sus ojos negros, así que nos propusimos para ser el único grupo de dos. Me avalancé alegremente a la perdición por causa de los preciosos caracoles negros que Sabnat llevaba atados en la cabeza. Al principio, cuando saqué el papel y leí, confié en la mundanería de mi coescritor. Al rato se me bajó la presión cuando me dijo que con él era de Fraiser a Seinfield, de Seinfield a Friends, de Friends a Dr. House. No sabía más. “¡No tenemos la más miserable idea para hablar de un incesto, Sabnat, porque la materia prima de todo el asunto es que tú sepas esas cosas de adultos!”, le reproché fuera de clases hasta que él dijo que sabía cómo salvar el mundo. Imaginé que tal vez su idea podría involucrarme, así que me preparé mentalmente para salir corriendo a pedir la disolución del grupo inmediatamente después de que terminara de sustentar su plan. Ya me veía en el futuro ocultándome detrás de los árboles cada vez que nos tocara cruzarnos. Casi podía sentir el ultraje de sus palabrasaún no pronunciadas, mas realmente había subestimado a Sabnat porque mientras yo deliraba en mares de opresión y afrentas, escuché su propuesta y me pareció una de las soluciones más sensatas al problema más complejo que había tenido hasta entonces. Fue un alivio que ese día mis clases hubieran empezado a las once, que la casa de mi amigo estuviera cerca, que yo siguiera siendo talla 16 para poder seguir vistiendo polos con estampados de Disney. Así que compramos dos helados de hielo y entramos a su casa, buscamos a su madre (a quien ya había conocido antes) y le contó del tema y de la responsabilidad que él –asumía- tenía para conmigo. "Entonces…", dijo a modo de pregunta su mamá mientras seguía agitando las manos para sellar un esmalte que hacía mucho rato había secado sobre sus uñas. "ENTONCES, MAMÁ, ¿ME COMPRAS UNA PORNO?". No sé por qué, pero algo me dijo que tenía que salir en el acto de aquella casa y sin besito para nadie. Al par de días mi querido ojos de litchi tenía un exceso de información que tuvimos que abreviar en dos líneas. El día que estábamos en el pasto compaginando las hojas de la obra cumbre de la perversión como examen final, Sabnat me dijo entre sí y no: "Realmente no fue un crédito muy fácil…mi mamá cree que me estás corrompiendo". Por mi parte, recordé la cena de aquella noche en que le había contado a mi tío Esteban del conflicto interno que vivía a causa de recargar a mi amigo con esos temas y que su mamá y quién sabe qué cosas más, hecho que provocó que este casi se atore de la risa: "Mi tío cree que eres una buena influencia", le comenté sin entrar en detalles. Muchos años después he vuelto a ver a Sabnat, quien ahora tiene un anillo en el anular y sigue diciendo "doblón" (como un chocolate de entonces) en lugar de "Dublín". "Me gustaba muchísimo convivir con tus angustias", me cuenta divertido mientras acomoda los pocos caracoles negros que pueblan hoy su cabeza y siento alivio por los dos porque (tal como me aseguró mi tío aquella noche) nadie terminó siendo un actor porno por mi culpa.